Sobre héroes y villanos
Sobre héroes y villanos
He estado dándole vueltas y aún no he podido hallar razones suficientes para entender el escarnio mediático infligido a la selección española de fútbol. Los mismos “periodistas” que hace escasos meses se derretían adulando y alabando a los pupilos de Del Bosque, son los que ahora flagelan sin compasión a los vigentes campeones del mundo.
Todo esto es reflejo de la profunda degeneración de los valores que rigen nuestra realidad social. No es nuevo pero no por ello deja de ser grave. Ya en los cincuenta, Tennessee Williams (premio Pullitzer de teatro y escritor de “Un tranvía llamado deseo” entre otras) se quejaba amargamente al respecto, criticando la vacua moralidad de una sociedad adocenada que solamente encuentra el regocijo en la sordidez. Así lo afirmaba el dramaturgo estadounidense:
“No creo en héroes y villanos, creo tan sólo que las personas toman el buen o el mal camino, y no por elección, sino por necesidad o por ciertas influencias que les afectan y todavía no comprenden, por sus circunstancias y por sus antecedentes… No comprendo por qué nuestra maquinaria propagandística está siempre tratando de persuadirnos, de que hay que odiar y temer a otros, cuando vivimos en un mundo tan pequeño.”
Esto, claramente, tiene su eco en nuestros tiempos. Frase por frase. La concepción real de la heroicidad está devaluada. Los héroes de hoy día son una sombra de los héroes de antaño. En esto de la idolatría ya no se tienen en cuenta las aptitudes ni actitudes, sino la "potencialidad económica" del individuo en cuestión. En una sociedad eminentemente consumista y onanista, los ídolos florecen y se marchitan con la misma celeridad que cualquier otro bien perecedero.
Por eso quiero recordar lo que pasó en España cuando ganamos el pasado mundial. El país se echó a la calle, y aquella algarabía nacional hizo olvidar por momentos nuestra delicada "desaceleración económica". Pan y circo. Los medios se encargaron de promover a bombo y platillo las bondades del mejor equipo de la historia: suplementos, recortables, posters e infografías hicieron las delicias de los más forofos. Pese a la delicada situación, se vendieron tropecientasmil camisetas oficiales, miles de periódicos y cientos de bufandas y banderas… todo al servicio de la mercadotecnia.
Parecen lejanos los tiempos en que se consideraba al periodismo como un ejercicio de sinceridad, pleno de responsabilidad social. Se está consagrando un estilo de comunicación (en este caso deportiva) deleznable, al servicio de las ventas, alejado de la objetividad y en el que priman las noticias sin sentido, frugales y vanas que no hacen sino desprestigiar el buen nombre del gremio. Programas como el de “Los Manolos”, evidencian el escaso gusto por la información de rigor, y se estructuran en base a contenidos pretenciosos, promoviendo el culto a la marca o a la imagen.
Así pues, durante el campeonato, la mayoría de medios se valieron de la ilusión de la gente para obtener un mayor y mejor rédito, lo que me parece aberrante en un país tan desilusionado como éste. Esto conduce a un negativo círculo vicioso en el que el público ha aprehendido una necesidad antes inexistente, y ahora la reclama. El aficionado medio, perturbado por cuentos y lisonjas, demanda ese derecho masturbatorio para obviar por momentos su implacable realidad. En cierto modo, se trata de una legítima petición, puesto que si contextualizamos la demanda en un marco consumista, el usuario paga por una contraprestación narcotizante que cree necesitar.
Pero el usufructuario no siempre es beneficiado por tal complacencia, puesto que la imprevisibilidad del deporte hace que un día estés en la cresta de la ola, y al día siguiente inmerso en la mediocridad. Para tales casos, jarabe de palo… Esto ya no va de contar la realidad tal y como es, sino de levantar los más primarios instintos. Así es como realmente se vende. Así es como realmente se “engancha” al consumidor. Esta sociedad extremista no alberga hueco alguno para las medias tintas. Si no puedes vender la gloria, vende la deshonra. De esta manera se consigue un efecto de catarsis que igualmente puede conseguir la afiliación a tu causa (mercantil). [Tómense ahora en cuenta las últimas críticas a la selección. Un escarnio injustificado desde un punto de vista moral y coherente, pero exculpado por su efectiva finalidad comercial].
Entonces, si lo sabemos o lo creemos saber, ¿por qué seguimos entrando al trapo? ¿Por qué nos seguimos plegando a los designios de tres o cuatro? ¿En qué momento hemos perdido el contacto con el suelo?¿cuándo hemos dejado atrás el poco criterio que nos quedaba? ¿Realmente estamos tan idiotizados por sus medios de control?
Amigos, amigas… tan sólo os pido una cosa. Alejaos de este tipo de periodismo de bazar. No os quedéis en la superficie. Bucead. Os están diciendo como pensar, como actuar... a quien alabar y a quién mortificar. Por eso, os insto a establecer una jerarquía propia de valores, a cultivar un criterio independiente que os acerque a la verdad. Ya no en el consumo de información deportiva (al fin y al cabo tan sólo es un entretenimiento más), sino en vuestra idiosincrasia particular.
Si lo conseguís, seréis más que héroes, seréis personas.
Mientras tanto, no perdáis el tiempo.
Leed Claridad Digital.












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